domingo, 22 de abril de 2018

DÍA MUNDIAL DEL LIBRO



Mañana, como algunos sabemos, se celebra el Día Internacional del Libro. Y ¿por qué?.
Pues para fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual. Si queréis saber más sobre la historia del día del libro, que comenzó en España, concretamente en Cataluña, y luego se trasladó al mundo entero podéis echar un vistazo al siguiente enlaze:

En nuestro Instituto hay dos lugares estupendos, al menos para mí, los que más me gustan, y en los que más disfruto: el patio, conocido como el recreo, que más bien es un pequeño parque con unos árboles maravillosos, donde hay unos buenos bancos para poder deleitarse con un buen libro, y la biblioteca, pequeñita, mejorable, lo que queramos, pero al fin de cuentas, biblioteca. A mí las bibliotecas me gustan, desde siempre, me gusta mirar los libros, tocarlos, e incluso olerlos, esto último lo hago cuando nadie me ve , por si las moscas.
Me gustan tanto las bibliotecas, que la manía de castigar a los estudiantes enviándolos a la biblioteca para que se entretengan o enreden con un ordenador, no me agrada. Creo que estos sitios, en otro tiempo santuario de lectores, están sufriendo la invasión de la mediocridad y de los mediocres, que tan peligrosos pueden llegar a ser, agazapados en sus trincheras de “corta y pega”. Pero esta es otra historia.
Deberíamos de celebrar el día del libro ya que estamos en un centro educativo y leer,aunque no lo consideremos, está más vinculado a la educación, a los menesteres que nos atañen, que comer jamón con aceite de oliva, que tampoco está nada mal...
Afortunadamente contamos con un gran equipo que “manda” libros para leer. Gracias a los consejos de mis compañeros, he leído últimamente buenos libros a disposición de todos en nuestra biblioteca: Vida de Pi, Mi Planta de Naranja Lima ,(gracias Rocio),Mujeres de Ojos Grandes, Berta Isla,, Clásicos para la vida, etc.,etc.
En fin que hay muchos títulos y mencionar tantos sería arduo y tedioso de leer.
Lo único que me gustaría trasmitir es : LEAN SEÑORES, LEAN SEÑORAS, LEAN.
Aparte de ser un placer, una ayuda, un relax, una necesidad, es perjudicial para la ignorancia.
Celebremos el día del libro.

miércoles, 18 de abril de 2018

Exposición de la I Convocatoria de Arte Postal.

Del 16 al 22 de abril podéis ver en nuestra biblioteca la Exposición de la I Convocatoria de Arte Postal (Mail-Art) en la que participaron algunos alumnos del Nocturno de nuestro centro. Os esperamos.


sábado, 7 de abril de 2018

Love of Lesbian: El poeta Halley

Teatro: Historia de una escalera

Historia de una escalera, es una de las obras recomendadas para su lectura y análisis en nuestras aulas. Hay numerosos ejemplares disponibles en nuestra biblioteca para su préstamo. 

Esta obra, del dramaturgo Antonio Buero Vallejo (1916- 2000), estrenada en 1949, representa el fracaso colectivo de la sociedad española tras la Guerra Civil. Frente a los sueños individualistas de uno de los protagonistas, Fernando, por ascender socialmente se contrapone el fracaso de Urbano en su apuesta por la lucha colectiva. Los personajes parecen haberse dejado "vencer por la vida", repitiendo de forma cíclica, en varias generaciones, la misma impotencia y frustración. Sólo el amor, torcido al final por otros intereses, parecía ofrecer una salida, especialmente a las mujeres jóvenes, a esa insatisfacción y resignación. En un espacio interior y cerrado, que parece reflejar el inmovilismo de sus destinos, los personajes se asoman a la vida de los demás vecinos con cierta amargura.

La censura en el teatro de la España franquista.
       Los textos teatrales que se pretendieron representar durante la dictadura franquista debían pasar el filtro de la Junta de Censura de Obras Teatrales, un organismo que funcionó hasta 1978 (incluso durante los tres primeros años de la Transición). En muchas ocasiones la censura supuso "la desaparición de frases, la desvirtuación de diálogos y situaciones dramáticas, e incluso su prohibición total". También sufrieron la censura las obras de los autores del exilio (Max Aub, José Bergamín, León Felipe o Rafael Alberti),y autores extranjeros de signo claramente izquierdista (Bertolt Brecht, Jean Paul Sartre...). Hasta el 4 de marzo de 1978 no se recuperaría la libertad de expresión en los escenarios españoles (tras cuatro décadas de censura). Ese día entró en vigor el Real Decreto 262/1978.
    La censura condicionó la escritura dramática durante la dictadura franquista, llegando incluso a convertirse en el tema central, y de denuncia, de algunas obras teatrales, como sucedió con La mordaza, de Alfonso Sastre, en los años 50, o con Matrimonio de un autor teatral con la Junta de Censura, de Jesús Campos, en los 70.

Impresos-modelo para la labor del censor teatral. Hasta 1963 estos impresos apenas variaron, y los apartados de que constaban son:

- “Breve exposición del argumento”
- “Tesis” (en el que debían comentar el supuesto mensaje de la obra en cuestión)
- “Valor puramente literario” y “Valor teatral”
- “Matiz político”
- “Matiz religioso”
- “Juicio general que merece al Censor”. Seguidamente, debían detallar las páginas en las que se realizarían “Tachaduras” y “Correcciones”, además de responder a cuestiones como: “¿Se juzga tolerable o recomendable para menores?”; “¿Qué modificaciones cabría introducir para autorizar, en su caso, la representación, en el supuesto de que la obra acusase deficiencias: de tipo político, social o moral, siempre que su valor literario lo aconseje?”, y “¿En qué lugares de la obra y en qué sentido habrían de introducirse esas modificaciones?”.
- “Otras observaciones del Censor”.
- Fecha y la firma del censor.

Sobre la censura de "Historia de una escalera". 

 Las primeras obras de Antonio Buero Vallejo, que inauguraban la corriente del realismo social en el teatro de posguerra, pasaron prácticamente inadvertidas a las tijeras censoras.

Expediente de censura de "Historia de una escalera" (11/10/1949).  Historia de una escalera fue autorizada para mayores de 16 años, con tres cortes (en las páginas 32 del Acto I, 18 del Acto II y 28 del Acto III) y dos modificaciones (página 18 del Acto II y 28 del Acto III). Los censores fueron: un vocal eclesiástico, Fray Mauricio de Begoña; Gumersindo Montes Agudo, falangista, crítico cinematogŕafico de la revista Juventud y sacerdote; y Emilio Morales de Acevedo (1888-1959), censor y crítico teatral en El Alcázar y Marca.

Historia de una escalera fue considerada como “un bello y sutil sainete para minorías selectas”, y de ella se dijo que era “expositiva sin mantener tesis alguna”; sin “fuerza polémica” en su planteamiento político, y “sin tacha” en lo moral. La obra se autorizó con algunos cortes y modificaciones puntuales (como la frase “Más vale ser un triste obrero que un señorito inútil”, en la que se obligó a sustituir “señorito” por “soñador”), y con algún comentario adverso -se la tildó de “pesimista”-, pues su presentación de aquella escalera de vecindad se alejaba en gran medida del vacuo triunfalismo del régimen. Sin embargo, como es sabido, la obra se estrenó en el Teatro Español (1949), entonces de titularidad estatal. El crítico teatral y censor Emilio Morales de Acevedo calificó su valor literario de “muy estimable” y añadió: “Es prodigio de observación y de verdad que lleva al autor a no querer prescindir de adjetivos vulgares para dar fuerza y color a la obra”. También Gumersindo Montes Agudo encontró cualidades estimables en la pieza: “valentía en el enfoque escénico, sinceridad en el perfil de los personajes, nobleza de tema, pulcritud en el trazado moral, intento de rasgar ciertos patrones escénicos, perfecta ambientación”. De esta forma el texto superó la censura y se estrenó en el Español en 1949.
Buero Vallejo situó los dos primeros actos de su obra en 1919 y 1929, y el tercero en 1949, eludiendo tratar el conflictivo año de 1939, y en consecuencia, la guerra civil, tema
 tabú por excelencia.

Debate sobre la censura: posibilistas contra intransigentes.
      En 1960, Alfonso Sastre y Antonio Buero Vallejo mantuvieron una polémica pública sobre el posibilismo teatral, en la que defendieron distintas opciones teóricas en tomo a la actitud que debían adoptar los creadores ante la censura de la dictadura. Sastre invitaba a los autores a escribir como si la censura no existiera, puesto que la arbitrariedad con que esta actuaba impedía saber de antemano qué obras eran imposibles. En su respuesta, Buero Vallejo matizaba su idea del posibilismo: "Cuando yo critico el imposibilismo y recomiendo la posibilitación, no predico acomodaciones; propugno la necesidad de un teatro difícil y resuelto a expresarse con la mayor holgura, pero que no sólo debe escribirse, sino estrenarse. Un teatro, pues, "en situación", lo más arriesgado posible, pero no temerario". Además, Buero negaba la posibilidad de escribir con absoluta libertad interior en el contexto histórico en el que a ambos les había tocado vivir y evidenciaba la contradicción entre los postulados teóricos de Sastre y la cautela con que había escrito La mordaza, precisamente para evitar que la censura la prohibiera.
        Sastre respondió reconociendo un cierto posibilismo en la escritura de La mordaza, "una obra que intentó ser posible después de tres obras prohibidas", si bien explicaba esta contradicción como momento de una evolución a lo largo de su trayectoria: su radicalización, afirmaría posteriormente, se produjo como respuesta a la violencia que continuamente recibían, él y sus compañeros, por parte del régimen.
       Las posturas teóricas de ambos autores se correspondían con trayectorias profesionales muy distintas: Buero Vallejo no solo estrenó casi la totalidad de sus obras escritas durante la dictadura, sino que sus estrenos generalmente se produjeron en mejores condiciones y obtuvieron mayor éxito de público. E n 1975, otro dramaturgo, Femando Arrabal, también polemizó con BueroVallejo por esta cuestión: "Por cierto que la polémica sobre el posibilismo mantenida entre Alfonso Sastre y Buero Vallejo toma todo su valor en estos momentos en que el primero está encerrado en la cárcel de Carabanchel y el segundo, académico de la Real Academia de Madrid, acepta los premios más famosos de la España de Franco". El duro comentario de Arrabal no hacía sino explicitar la opinión de una parte de la oposición antifi-anquista ante el posibilismo bueriano. El propio Alfonso Sastre, muchos años después, afirmaba: "Yo pienso que la equivocación de Buero Vallejo consistía en que, al ejercer su trabajo desde el punto de vista posibilista, se adaptó al sistema. Y adaptándose al sistema, no contribuyó demasiado a romperlo. [...] Y, por otro lado, la posición mía, más radical, tampoco es un gran triunfo porque ese radicalismo de mis posiciones me llevó a la inoperancia, a que mis obras no se estrenaran. Con lo cual tampoco contribuí grandemente a la libertad".

No obstante, a pesar de la polémica, ese mismo año ambos autores firmarían en el Manifiesto contra la censura que en 1960 presentaron más de 300 escritores, intelectuales y artistas. En este Manifiesto se recogían las siguientes exigencias:

1º. La urgente necesidad de una regulación de la materia con las debidas garantías jurídicas, estableciendo claramente el derecho de recurso.
2º. La necesidad, en cualquier caso, de que los funcionarios encargados de aplicar dicha regulación posean una personalidad pública, ya que el anonimato desde el que vienen ejerciendo sus funciones los censores es motivo de las mayores arbitrariedades.

Tampoco Buero escaparía por completo de la censura, pues se le prohibió Aventura en lo gris y se le retuvo durante once años La doble historia del doctor Valmy, donde afrontaba el nada cauteloso tema de la tortura a presos políticos. 

 Analiza algunos de los párrafos censurados.

               Acto I:

Fernando.—[...] Y vosotros os metéis en el sindicato porque no tenéis arranque para subir solos. Pero ese camino no es para mí [...].
Pág. 17: Fernando.—[Veremos entonces quién ha llegado más lejos;] si tú con tu sindicato o yo con mis proyectos.
Pág. 23: Paca.—[¿Y quién te mantiene?] ¡Zorra, más que zorra! (Corrección propuesta: “¡Pingo, más que pingo!”).


Acto III
Pág. 28: Fernando.—Sí, como tú. También tú ibas a llegar muy lejos con el sindicato y la solidaridad
[...]
     Urbano.—¡Sí, hasta para vosotros; los cobardes que nos habéis fallado! (Corrección propuesta: “¡Sí, hasta para ti!”. Buero, sin embargo, lo corrigió de forma distinta, pero su corrección fue aprobada).
Fuentes:
- Berta Muñoz Cáliz, "Censurado por el franquismo", El Cultural, 30/03/2006.
- Berta Muñoz Cáliz, "A vueltas con el posibilismo teatral"
- Berta Muñoz Cáliz, La censura teatral en la Dictadura franquista.
- “El posibilismo: ¿error o necesidad?”El Cultural, 2000. A la muerte de Antonio Buero Vallejo, el suplemento del diario El Mundo dedicó este reportaje, en el que catorce escritores españoles expusieron su opinión respecto al debate entre posibilismo o intransigencia contra la censura.
- "Entrevista a Arcadio Baquero Goyanes (miembro de la Junta de Censura Teatral entre 1963 y 1967). Las puertas del drama, nº 18, 2004, pp. 17-21.
- Revista Monteagudo, nº 21 (2016) Especial dedicado a A. Buero Vallejo.

martes, 3 de abril de 2018

Novela gráfica del mes: "Puta Guerra", de Jacques Tardi.


 

Este año se recuerdan los 100 años del final de una de las guerras más atroces de nuestra historia: la I Guerra Mundial (1914-1918).
En sus comienzos se exaltaron los sentimientos nacionalistas de gran parte de la población europea, que soñaba con una guerra corta y triunfal, pero el barro y las trincheras la prolongaron cuatro largos y horribles años.
Hubo, no obstante, voces críticas, incluso en los momentos de mayor exaltación nacionalista, donde declararse pacifista era ser sospechoso de traición. En la llamada Conferencia de Zimmerwald, treinta y ocho delegados de diferentes países de Europa se reunieron para denunciar la guerra. Estos delegados representaban a grupos socialistas opuestos a los partidos oficiales que -como el SPD alemán o la SFIO francés- apoyaban la entrada en la guerra de sus respectivos países. Los delegados denunciaron la guerra en un manifiesto que proclamaba:
« Après un an de massacre, le caractère nettement impérialiste de la guerre s'est de plus en plus affirmé ; c'est la preuve qu'elle a ses causes dans la politique impérialiste et coloniale de tous les gouvernements, qui resteront responsables du déchaînement de ce carnage»
Este manifiesto apelaba igualmente a la unión de los trabajadores de todos los países en la lucha contra la guerra:
 « Il faut entreprendre cette lutte pour la paix, pour la paix sans annexions ni indemnités de guerre. Mais une telle paix n'est possible qu'à condition de condamner toute pensée de violation des droits et des libertés des peuples»
El dibujante francés Jacques Tardi publicó una muy interesante y documentada novela gráfica sobre la guerra de trincheras, Putain de guerre (que puedes leer en la biblioteca del Instituto). Recientemente, Tardi ha renunciado a la medalla de la Legión de Honor que le concedió el gobierno francés, y ha rechazado participar en las conmemoraciones oficiales del centenario del inicio del conflicto en Francia en 2014. Leer entrevista.



 Bande annonce de "Putain de guerre" de Jacques Tardi.

En la página de La web pédagogique puedes leer un fragmento del cómic Tardi. Para conocer otros cómics en francés sobre esta temática, puedes pinchar en La première guerre mondiale dans la bande dessinée.

jueves, 22 de marzo de 2018

Libro recomendado del mes: "La hija de la guerra y la madre de la patria" (R. Sánchez Ferlosio)

  Entre las interesantes reflexiones que recoge el libro La hija de la guerra y la madre de la patria (Barcelona, Destino, 2002), quisiéramos destacar una conferencia que su autor, el escritor Rafael Sánchez Ferlosio, dio en un Instituto de Coria. En ella, recuerda que precisamente la enseñanza es, en grado máximo, uno de esos ámbitos de vida pública que el neoliberalismo dominante ve con tanta prevención (con la excusa de tratar de liberar a los individuos del carácter "dirigista" del Estado). Por ello, estos neoliberales confunden la "libertad de enseñanza" con el derecho de los padres a elegir el colegio que les parezca conveniente para sus hijos (desde sus supuestos derechos como contribuyentes y consumidores).

También critica Sánchez Ferlosio la "aspiración a la excelencia" en cuyo espejo se complace el individualismo liberal (algo que une a otras virtudes como "el afán de superación" o el viejo y cristiano "espíritu de sacrificio" o, en términos más modernos, "cultura del esfuerzo"). Por el contrario, frente a este espíritu competitivo, y respecto a las notas, Sánchez Ferlosio defiende que las calificaciones deberían dejar de ser evaluativas y reducirse a "aprobado" y "suspenso", evitando que la especificidad de cada conocimiento se difumine en la función instrumental de comparar personas: "Humano no es medirse con los otros hombres, sino ocuparse de las cosas".

Otro aspecto polémico es el del papel de las familias, "clientes" y "consumidoras" de ese servicio crecientemente privatizado que es la educación. La tutela familiar, como señala Sánchez Ferlosio, no debería extenderse sobre los niños en el ámbito público de la enseñanza, actuando "a la manera de una rémora que le impide (al niño) hacerse verdadero protagonista autorresponsable de su propio interés por los contenidos de las cosas que podían aprender". Se puede así producir un feroz "contubernio entre profesores y familias sobre las cabezas de los niños". Como también ha señalado Fernando Savater, la escuela en ocasiones también nos libera de nuestras familias. Desde la Administración educativa se insiste en la participación e implicación de las familias en la educación, se crean incluso escuelas de padres, padres-tutores de aula... Pero no existe ningún interés en la participación del alumnado. Se abre la escuela a la empresa, pero se cierra a otras organizaciones sociales como las asociaciones vecinales o los sindicatos.

También denuncia Sánchez Ferlosio la "educación personalizada" que tanto publicita la escuela de pago y que tienden a imitar los actuales "gestores" de la escuela pública. Pero los fines de la enseñanza, de los conocimientos que trata transmitir, residen en una radical y absoluta impersonalidad, su índole indistintamente válida para todo el común de los mortales. Unos conocimientos que, en el proceso de burocratización al que los somete la ortopedia administrativa, su homologación, reglamentación y unificación, acaban sufriendo grandes destrozos. 

Por último, Sánchez Ferlosio trata de "esa degenerada infraespecie del género Libro conocida como libro de texto" frente al que defiende el uso de monografías como procedimiento de iniciación. Frente al compendio ya digerido de los contenidos de la asignatura, Sánchez Ferlosio defiende "un conocimiento empírico, accesible a los sentidos y a la imaginación, enteramente envuelto en las circunstancias contingentes de su propio acceso y el avanzar de las averiguaciones, impregnado en la concreción de los más menudos datos de su tiempo, su espacio, sus gentes, sus lugares...".

Carta a un profesor sin guía didáctica. Fragmento de "El Profesor", de Franz McCourt

Carta a un profesor sin guía didáctica

Estimado Sr. McCourt:
 Cuando entré en su aula el día 2 de marzo, sus estudiantes estaban cantando -de manera bastante ruidosa y molesta, puedo añadir- un potpurrí de canciones infantiles. Usted los dirigía de una canción a otra sin hacer pausas para la elucidación, la exploración, la justificación, el análisis. De hecho, esta actividad no parecía tener ningún contexto, ningún propósito.
Un profesor de su experiencia podría haber advertido, sin duda, cuántos estudiantes iban ataviados con ropa deportiva, cuántos estaban recostados en sus asientos sacando las piernas al pasillo. No parecía que ninguno tuviera cuaderno ni instrucciones para usarlo. Se dará cuenta usted de que el cuaderno es la herramienta básica de cualquier estudiante de Lengua Inglesa de secundaria, y el profesor o profesora que descuida el uso de esa herramienta está desatendiendo sus obligaciones.
Lamentablemente, en la pizarra no había nada que indicara el tema de la lección del día. A esto puede deberse el hecho de que los cuadernos estuvieran ociosos en las carteras de los estudiantes.
Haciendo uso de mis derechos como vicesuperintendente adjunto de Pedagogía, tras el fin de la sesión interrogué a algunos de sus alumnos sobre el aprendizaje que pudieran haber sacado en limpio aquel día. Me respondieron una vaguedad rayana en el desconcierto, sin tener la menor idea de cuál había sido el propósito de esa actividad de canto. Uno dijo que se había divertido, y el comentario es válido, pero sin duda el propósito de la educación secundaria no es ése.
Sintiéndolo mucho, tendré que trasladar mis observaciones al superintendente adjunto de Pedagogía en persona, quien sin duda informará a la superintendente de Pedagogía misma. Es posible que reciba usted una citación para presentarse ante el Consejo de Educación. En tal caso, tiene derecho a acudir acompañado de un representante sindical y/o de un abogado.
                                                                                  Atentamente,
                                                                                  Montague Wilkinson III.

(Franz McCourt, El profesor, 2011). Disponible en nuestra biblioteca.